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El encuentro August 18, 2007

Filed under: Cuenta cuentos — kaleeg @ 5:42 pm

El encuentro

La sonrisa delgada de su rostro rompió totalmente el paradigma que tenia sobre el. Acomodo sus manos sobre sus delgadas rodillas y observo a una mujer, tan detenida estuvo su mirada que llego a descifrar cuantos pestañeos daba por minuto, se encontraba tan satisfecho ese hombre enigmático e hipnotizante que era muy abrumadora la situación. Era de cabellos obscuros y lacios de rostro afilado y ojos hermosos era pintor: todos sus pantalones tenían rastros de ello, pequeñas manchas de colores.

Como el miraba a la mujer, Amel veía a ese hombre pensando en lo bello que era que reconocieran tu profesión por mero instinto, ese hombre exhalaba arte con todos sus sentidos era como si todos sus movimientos fueran suaves pinceladas creando bellos entornos con el aleteo de sus manos y sus ojos consumieran todo el mundo con su penetrante mirada. Amel amaba las manos de ese hombre, la forma en que tomaba su café y sus dedos se retorcían alrededor de la taza.

Amel acostumbraba a sentarse en la esquina bajo una luz tenue de una lámpara de 1945 adornada por pequeños colgantes de pedrería de color agua marino y ámbar sobre un sillón verde limón. Mantenía una posición recta mientras miraba el ventanal y los cientos de rostros e historias que pasaban mientras ella daba pequeños sorbos a una bebida amarga y caliente con sabor a clavo y leche. Garabateaba en una vieja libreta de cuero rojo con un dibujo de una flor negra en la portaba, garabateaba ideas y pensamientos solía escribir sus clases de filosofía en ese rincón escondido para el mundo pero que a la vez era capaz de brindarle una contemplación excelente del panorama gris de la ciudad. El hombre se encontraba sentado dos mesas a la izquierda vestía de carmín, jugueteaba con los sentidos y su fino bigote cortado estilo francés. Amel comenzaba a impacientarse eran las 12 de una mañana lluviosa, sus botas se ajustaban cada vez más a su pantorrilla, el vestido de lino café era ahora casi transparente y su cabello estaba empapado, su taza era transparente y pequeños puntos negros jugueteaban en un liquido casi espeso, el hombre seguía devorando a la mujer y ella necesitaba aire fresco.

Era una mañana distinta, se encontraba en una situación tan diferente a lo que acostumbraba, pero era extraño pues se encontraba en la misma vieja mesa, con el mismo sabor en su garganta y el aire olía extrañamente familiar pero su corazón palpitaba fuertemente y sus ideas no salían de su cabeza, era extraño ya que para ella era muy fácil filosofar de la vida. Tenía conceptos muy claros y lograba analizar toda situación por medio de la psicología y la filosofía, ella había logrado encontrar la clave perfecta para mantener su cordura aparente.

Pero ese día no podía filosofar no ahí, el lugar la había dejado de inspirar, o el hecho que  llegara ese hombre siempre en coincidencia o simple destino se encontraban en un punto exacto ha hora exacta, mecanizado solo intercambiando fugaces miradas. El hombre no se interesaba en mujeres bellas solo en personas complejas, con personalidades casi dementes; Amel opinaba que ella era bella y casi demente, nadie en la filosofía podía pensar con coherencia: pero al parecer el no se interesaba en ella, pues solo le regalaba segundos de contemplación a su persona mientras que a otras mujeres las devoraba, la idea le mataba, no toleraba el hecho que no la viera. Salió de ahí apresurada, buscando asilo para un mar de sentimientos escalofriantes, su corazón dormido comenzaba a sentir las pequeñas brazas de un amor frustrado. Así que tomo su bolso prendió un cigarrillo y abrió su paraguas de cuadritos rojos y amarillos. La Bistraería  ya no lo inspiraba, el hecho que muy a menudo se encontrara escribiendo cartas de amor y no pensamientos fugases lleno de temas posibles para sus clases, le estaba causando una especie de frustración, ese lugar era especial para pensar el significado de la vida, no la vida misma.

Aun así no gustaba escribir sus sentimientos amorosos en su libreta, eran palabras demasiado sagradas para ser confundidas con filosofía cotidiana, así que utilizaba servilletas: pues siempre que las escribía soñaba secretamente que ese hombre enigmático llegara a leerlas y poderse envolver en su complejidad, pero al salir cuando ya estaba completamente decidida de entregársela un panzazo de duda en su estomago lo hacia volver a guardarla en la pequeña bolsita de su pantalón y seguir con su camino. Pero esta vez supo que sería diferente, presentimientos vagos de un corazón aturdido. Una ráfaga de viento hizo volar el papelito cayendo justo debajo del  propio bigote del hombre como una verdadera broma del destino. Amel continuó su camino, el tenía que leerla tenia que procesarla, era una carta pura, no se podría describir más, sus palabras simplemente eran, no había nada escondido ni predicho, simplemente era una carta de amor totalmente apasionante llena de frases elaboradas para llegar a un final sencillo, reflejando totalmente la compleja personalidad de Amel casi nunca entendida por ningún ser viviente. Inhalo tan profundo que su mente se nublo y solo pudo seguir un paso constante hasta que todas sus ideas se fueron aclarando poco a poco.

Paro un momento y observo la ventana de una casa color marrón con una puerta con una simetría divertida, en la ventana se encontraba una mujer cepillándose el pelo decolorado por años de decepción y desamores temporales, mientras contemplaba esta peculiar escena una cálida mano fue depositada con una suavidad de otro mundo sobre su hombro desnudo, una mano inconfundible que se engancho a su piel como una pieza de rompecabezas. Giro suave la vista hasta topar con su imagen favorita, Hebrhem el hombre del bigote francés. 

——-

-Olvidaste un pensamiento

Lo dijo con una voz grave, con el pelo un poco enmarañado le dio la servilleta de vuelta le sonrió y dio media vuelta. La carta parecía intacta, solo que en la parte de abajo había agregado una frase: el asombro es la pasión de mi vida, observo cuidadosamente un objeto nunca dos, los entiendo y los dibujo tu me eres imposible de dibujar, no tengo la suficiente paciencia para ver alguien tan complejo como usted, su filosofía es demasiado absorbente para una mente que piensa con las manos y los ojos.

Amel lo entendió, era un hombre sencillo que amaba las mujeres que lo miraran como dios, pero tenía un encantamiento que rompía absolutamente todo lo ordinario.

Aun así tenia que apresurar el paso, ya pensaría en una respuesta para el, lo vería pronto. Lo sabía. Siempre se topaban, había jugado a burlar las coincidencias y se torno a una rutina encontrarse en los pasillos. Todas las mañanas compartían un jugueteo de miradas que hacia comprender que se encontraban en baile de seducción mas haya de su entendimiento. Por ello Amel no se preocupaba demasiado era una mujer analizadora, calculaba casi fríamente todos sus movimientos dejando poco al natural, caminaba por el mundo con una enorme mascara de hipocresía e indiferencia, solo le importaban los viejos escritos con pensamientos mucho más superiores a banalidades como el clima y los chismes. Aun así a pesar de poseer cualidades de erudito solitario, era extremadamente social, pero nunca llegaba a intimidar demasiado con las personas, amaba vivir en misterio; era adicta a las especulaciones que la gente tenía de su vida, por ello vivía calculando.

Enclaustrada en sus pensamientos vivía una vida cómoda y llena hambre de conocimiento, y conforme descubría, compartía a sus estudiantes los nuevos hallazgos de algo tan pasado. Vivía bebiendo café y consumiendo cigarrillos.

Pero al darse cuenta de su amor hacia Hebrhem su vida había dado un giro, se encontraba a la deriva de sentimientos tratando de renacer en un corazón podrido por el tiempo.

Aclaro la voz, giro a la izquierda y entro al salón de clases, todos los alumnos se encontraban en un gran círculo alrededor de su escritorio, era un grupo reducido y animado de jóvenes sobresalientes. A Amel le aportaban mucho estos jóvenes, gustaba de su compañía. Había una alumna, una joven pecosa, con unos ojos enormes color ámbar y una coleta bien peinada totalmente roja, era hermosa con pómulos sobresalientes y labios suaves como crema, caminaba con seguridad y tenía complejo de diosa.

-Lucia dime: ¿posees los libros?-

————–

Lucia quedo petrificada como Amel lo había predicho, mujer mecanizada que no razonaba por si sola, simplemente absorta en la memorización, era el terror de Amel una mujer inanimada sin pensamiento ni voz, solo frases memorizadas. La odiaba y le compadecía ese personaje tan triste, quería que pensara que razonara con su propia existencia. Una voz se animó a contestar, un joven de gafas y camisa apretada de cuadros, con una mancha justo debajo del ojo izquierdo.

-el contenido es del autor, todas las letras depositadas en el libro son pedazos del alma que se fueron escribiendo con paciencia y pensamiento. Lo que es el objeto me pertenece, pero el contenido es totalmente ajeno a mí.

No escucho al chico, aunque su pensamiento era brillante no era de la idea de favorecer a los favorecidos, eran genios por naturaleza ella solo tenía que darles el material ellos resolverían todo lo demás. En cambio se preocupaba por los adolescentes incapaces de pensar y necesitaban el apoyo de un intelectual para seguir adelante.

Amel chocaba mucho con los demás profesores por este tipo de pensamiento, muchos de ellos eran de la idea de favorecer a las personas eruditas pues serían los próximos maestros de la universidad, doctores, abogados brillantes y si ellos no  fomentaban a gente inteligente y capaz, quedaríamos reducidos a semi monos inteligentes con gran impulso y esperanza en su estupidez.

La clase se dio por terminado, Amel salio y se adentro a la selva de estudiantes ya era tiempo para darle una contestación a Hebrhem o por lo menos entablar una conversación con el. Realmente no habían hablado, pero el amor por el había crecido y se había vuelto bastante sólido, se había enamorado de sus pinturas y de la forma en que observaba la gente. No sabía sus ideas, no conocía nada de el, solo algunos murmullos de su personalidad. Mientras se daba cuenta de lo ridículo que era la situación se armo de valor para hablar con el, lo busco desesperadamente en sus clases, en el café, en la esquina redonda del corredor de maestros donde solía fumar su cigarrillo, busco pero no encontró nada. Así pasaron días, no lo encontraba por más que lo buscaba era inútil había desaparecido de su vida, robado por el viento.

Caminaba con la cabeza agachada, pensando en el recuerdo de este hombre misterioso, pensando en sus pensamientos y que pasaría por su cabeza. Entro a un edificio en el centro de la ciudad, eran las 9 de la noche y hacia frió. Vestida con una gabardina color vino y zapatos de charol, entro lentamente al lobby.

Mientras caminaba olvidaba, era como si todos sus pesares fueran desprendiéndose de ella mientras respiraba un aire  sabor a maple. El elevador la hizo olvidar la ley de gravedad.

 Amel pensaba que el café creaba un cambio en la forma de actuar de sus células, un poco más aceleradas; así que cuando subía repentinamente o se paseaba en la montaña rusa su corazón palpitaba aceleradamente, sus pupilas se dilataban y sentía escalofríos cosquilludos en la planta de sus pies.

Entro a su chalet, frió como ella. La traslúcida sensación mañanal era colada por unas cortinas de nilo blanco y plantas tropicales.

 Lentamente la tela se fue desprendiendo de ella, hasta terminar en un vestido de puntos naranjas, unas medias de algodón, unas pantuflas espeluznantes de un gato adormecido y una suave maraña es su cabello. Era tiempo de filosofar de su vida, por primera vez en muchos años dejo de sentir la necesidad de buscar hacia fuera. Pero en un gancho de lucidez, en un segundo conquistado por la grandeza de su mente intelectual una voz humana hizo que olvidara todo ello. Despertando de su transe fue a abrir la puerta.

-Doctora Amel sentimos la pérdida de Manuela; era lo último que quedaba en la vieja casa de su madre. A penas mantenía la casa en orden pues aseguraba que los muebles viajaban de un lado a otro, nosotros culpamos la falta de memoria. Nos encargaremos de todo.

Sinceramente Page

Lo curioso no fue la carta, pues Manuela era la cuidadora de una casa abandonada en sus pensamientos hace años, se había olivado de su existencia a los 14, así que ella representaba una imagen desvanecida. La voz, la voz de ese misterioso narrador hizo que todo se convirtiera en algo secundario. Pues la melódica que poseían sus palabras hacia aturdir por completo; su cuerpo estaba al merced de la gravedad como una canica asomándose por el precipicio.

Una voz que pertenecía a un hombre de exquisitas facciones; Amel perdió sus estribos, se paralizo su corazón y comenzó a latir segundos después, cuando despertó tendida en los brazos de un extraño unos cinco segundos después.

Tomo la carta y entro al departamento, ni siquiera articulo una palabra en la presencia de este encantador y bizarro individuo. Cómo podían pasar cosas así, como una mujer como ella podía haberse desmayado por un hombre.

Sin embargo un poco más calmada, cuando la sangre de sus venas comenzaba a fluir con normalidad y sus pupilas habían vuelto a ser dos pequeños puntos negros en un charco turquesa con un contorno de un azul que evocaba al océano; Amel comenzó a jugar con su mente. Analizar la situación era simple, se consideraba de alguna forma unida al pintor y el mensajero había logrado paralizarla en cinco segundos, con el solo susurro de su voz, tenía que aprender y sacar conclusiones de la supuesta infidelidad. Tomo un papel y comenzó a escribir:

La infidelidad: cual es el parámetro que nos marca el ser fieles, hasta que punto como seres humanos debemos pertenecerle a otro con tal de mantener la confianza. Por que los humanos han llegado jugar con sus mentes y sus instintos naturales para convertirse en tan aclamada sociedad: llena de parámetros, ideales, formas de vida, ética y reglas para la buena vivencia.

De toda esta compleja mezcla ha nacido la monogamia. Ha sucumbido por siglos a los individuos, ha sido la base misma de la sociedad y la religión más poderosa del planeta la defienda a capa y espada. Así pues que es lo más “natural” que un individuo se enamore de otro (del sexo opuesto por supuesto) y se mantenga fiel a su persona y solo a su persona. Es firmar un contrato para una eterna vida de unión y felicidad. En pocas palabras la sociedad debería funcionar de esta manera: a través de reglas llegar a la felicidad (auto del año, viajes, casa, etc.), seguir un patrón de repetición que ha brindado seguridad a nuestros antepasados.

Tomando a pie de la letra los escritos de la evolución del ser humano y su entorno, nos podemos adentrar a la verdadera razón del pensamiento humano. Nuestro entorno ha cambiado drásticamente desde la industria, la tecnología rige nuestras vidas y nos encontramos en una dependencia a las máquinas, el clima ha cambiado la temperatura ha subido varios grados, se ha descongelado los polos. Todo nuestro entorno se encuentra en constante cambio, los mismos humanos están sujetos a las leyes de la evolución.

El grave problema es que el humano no ha evolucionado su pensamiento, quiere seguir viviendo bajo los mismas leyes que lo hicieron sus antepasados por el simple hecho que le tienen miedo a lo diferente y oculto. Ha habido una gran represión de estos impulsos naturales por la misma sociedad. Como no se les ha podido ocurrir que los humanos evolucionan en pensamiento,   la gente comienza a ser más tolerante a lo diferente, se comienza abrir una serie de posibilidades.

Hasta que punto podemos ser fieles, ¿con que personas debemos entregarnos por completo cuerpo y alma?  Por primera vez debemos dejarnos llevar totalmente por nuestro instinto más natural, con nuestra parte más preciada y sagrada: tenemos que llevarnos por el corazón.  Decisión de un músculo, alejado de la mente. Representa lo más sano de nuestros sentimientos y la conexión con nuestro yo-superior.

No hay reglas para el amor, solo hay personas. Con ideologías diferentes, con conceptos y química distinta. Estamos en constante cambio, nos encontramos en medio de los instintos y la tecnología; aplastados y mezclados por la unión de estos antígenos. El amor es la reflexión de nuestro ser: cuanto más sea una persona capaz de amar y entregarse es un ser más conectado con lo superior, es cuando encuentra la naturaleza de la  compasión.  El ser humano que ama es un ser que se despoja de su egoísmo; que es capaz de trascender de amarse a el mismo para amar a otra persona. Entregarse cuerpo y alma verdaderamente.

Pues así la misma infidelidad esta sujeta a una sola regla: no hay reglas; aunque suene como un autentico cliché es la pura verdad. Depende del pensamiento de cada persona y su unión con un individuo de su misma especie es el resultado que va a regir el amor y la entrega hacia el.

Podrá haber personas que puedan amar completamente, amar lúcidamente, amar a medias, amar por conveniencia, por delirio, por necesidad, por millones de razones que solo llegan a la conclusión que la lucidez ha desterrado de su pecho a la humanidad; carecemos de ella por ello tanta contrastante controversia en este planeta. El amor es la única luz que hace destellos en la nebulosidad de nuestra mente, así pues tenemos que mantener las chispas para convertirlas en fogatas y alumbrar esta vida tan oscura llena de matices grises de sufrimiento y dolor. No importa el medio; no importa amar a una, dos, tres personas de infinitas maneras, no hay un manual de cómo querer a un ser humano, cada uno lo encuentra.

Así que si ser infiel puede tomar dos caminos: una persona no tan ideal que entra a tu vida bajo diversas circunstancias, y se trastorna en eventos que terminan destruyendo el ensueño de enamoramiento. O en verdad la relación da un giro completo y se transforma en  algo más humano, fuera de los ideales, despojado de cualquier mascara. Podría incluso considerarse sano, si el verdadero yo despojado de cualquier ideal, con sus principios al descubierto se convierte en algo más enigmático.

La búsqueda encuentra respuesta en los latidos y la sangre que fluye.

Lucidez! grito desesperadamente pero ella no acudió a ella, después de exprimir su pensamiento, de sentirse despojada de cualquier cuestionamiento solo ligamientos de ideas pudo darse cuenta en lo complejo que se había vuelto sus pensamientos. Ya no tenían una dirección como solía pensar antes.

 

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